La siembra directa ocupa el 82% de la superficie agrícola argentina, aunque el regreso parcial de la labranza revela dificultades para controlar malezas resistentes. El texto explica cómo la cobertura vegetal ayuda a conservar el suelo y aprovechar mejor el agua, sin prometer milagros contra la sequía. También recorre la historia del sistema, desde sus primeros ensayos hasta la maquinaria y las redes de productores que impulsaron su expansión. Rotaciones, cultivos de cobertura y manejo de malezas aparecen como claves para sostener sus beneficios y reducir sus problemas.
Sembrar sin arar: auge y límites

Opinión
Mucho suelo, malezas y maquinaria; para encontrar una nota de cata, esta vez habrá que dejar la copa en la estantería.