La ruta de contrabando de vino entre Hong Kong y Shenzhen ha caído en picada, dejando a muchos importadores rascándose la cabeza. Con controles más estrictos y una demanda en declive, el negocio ya no es lo que solía ser. Los vinos de Burdeos, que antes brillaban en las mesas chinas, ahora enfrentan un mercado que se enfría más rápido que un vino tinto olvidado en el coche. La cultura del vino en China está cambiando, y no para bien, lo que ha llevado a que las botellas se queden en las estanterías en lugar de en las copas. ¡Es hora de replantearse cómo se disfruta el vino en el continente!
