Francia ha decidido ponerle un freno al riego agrícola debido a la sequía, y eso podría afectar la producción de vino. Las restricciones pueden llevar a una vendimia con menos cantidad y calidad variable, lo que podría encarecer el vino. La situación se vuelve crítica para los viñedos, que ya estaban lidiando con la falta de agua. En un país donde el vino es casi una religión, esto es un tema que no se puede ignorar. ¿Quién quiere un vino aguado, verdad?
