Inglaterra está lidiando con una sequía moderada que afecta a la agricultura y, por ende, a la producción de vino. La falta de agua podría impactar la calidad de las uvas y, por extensión, la de los vinos que tanto amamos. Las restricciones de agua están haciendo que los agricultores se enfrenten a un dilema serio. Si pensabas que el vino se hacía solo en bodegas, piénsalo de nuevo: ¡todo empieza en el campo! La situación es un recordatorio de que el vino es un producto de la naturaleza, y la naturaleza a veces se pone un poco rebelde.
