Las pequeñas bodegas de California están gastando una fortuna en cumplir con normativas que, sinceramente, parecen más un juego de mesa que un negocio. Un estudio revela que el 17,5% de su producción se va en papeleo y regulaciones, lo que podría hacer que hasta el vino más caro sepa a agua. La venta directa al consumidor añade más presión financiera, y la carga regulatoria no para de crecer. ¿Te imaginas cuánto cuesta realmente esa botella que tanto te gusta? ¡Sigue leyendo y sorpréndete!
