El Gobierno francés ha decidido retrasar la vendimia debido a un verano extremo que ha dejado viñedos en llamas y uvas estresadas. Con temperaturas por encima de los 40 grados y sequías históricas, la situación se ha vuelto crítica para los productores. Mientras algunos viticultores se apresuran a recoger uvas en paisajes devastados, otros esperan que el calor mejore la calidad de la cosecha. La incertidumbre está en el aire, y el mercado se siente el impacto de este clima loco. ¿Listo para ver cómo el vino se enfrenta a los caprichos del clima?
