El cambio climático está alterando la vendimia en Francia, haciendo que las uvas maduren más rápido y generando incertidumbre en la calidad del vino. Algunas regiones están cosechando hasta 24 días antes que en los años 70, lo que pone a los viticultores en una carrera contra el tiempo. Las altas temperaturas no solo afectan la maduración, sino que también complican la logística de la cosecha. La presión sobre los productores aumenta, y la frescura del vino se convierte en un desafío. ¿Es el calor un aliado o un enemigo en la búsqueda del vino perfecto?
