El Tribunal Supremo ha dado un golpe sobre la mesa al permitir que las denominaciones de origen españolas reclamen indemnizaciones por el uso indebido de sus nombres. Esto no solo protege el patrimonio de los territorios rurales, sino que también pone en jaque a quienes se atreven a jugar con los nombres sagrados del vino y la gastronomía. La DOP Jabugo es el ejemplo más reciente de cómo la ley puede ser un aliado en la defensa de la calidad. Con esta sentencia, los consejos reguladores tienen un nuevo superpoder para mantener a raya a los impostores. ¡El vino y la comida son sagrados, así que manos a la obra!
