La agricultura italiana está dejando atrás el modelo familiar y abrazando una gestión más profesional y tecnológica. Con un aumento en el empleo asalariado, el sector se moderniza, aunque la superficie agraria sigue en declive. Las explotaciones agrarias están cambiando, con menos mano de obra familiar y más trabajadores ajenos. La diversificación de cultivos también está en aumento, lo que refleja una evolución en las decisiones productivas. La digitalización avanza, pero la brecha entre regiones es notable.
