
Los jóvenes han dejado de lado el vino, pero no porque no les guste, sino porque el vino no les habla. En EE.UU., las bodegas se adaptan y ofrecen lo que buscan: frescura y ligereza. En España, el vino de calidad se ha vuelto un laberinto para los novatos, lleno de términos crípticos y exigencias. La desconexión entre productores y consumidores es real, pero hay esperanza si se atreven a innovar. La tribu global de jóvenes está lista para llenar sus copas, solo necesitan que alguien les ofrezca algo que resuene con ellos.